La inmensa mayoría de empresas destacadas cuenta ya con modelos de competencias, mejor o peor diseñados, pero que son la base de los procesos de selección, evaluación, formación y desarrollo. Pero en realidad, a pesar de lo mucho que se ha trabajado en los modelos competencias, puede decirse que todavía no se ha conseguido el éxito que se esperaba para ayudar a las organizaciones a producir mejores líderes.
Si bien la formación y el desarrollo basado en competencias han traído grandes beneficios, recientemente se han puesto en evidencia algunas de sus limitaciones.
Puede constatarse que en muchos casos el modelo es demasiado complejo, se basa en algunos supuestos insuficientemente probados y ha tenido una puesta en práctica deficiente.
Los aspectos que los expertos señalan que hay que corregir tienen que ver con los siguientes puntos:
COMPETENCIAS + CARÁCTER Y PERSONALIDAD + SITUACIONES el que nos proporciona una imagen más completa de la efectividad de las competencias directivas. De allí la necesidad de vincular las competencias a las situaciones específicas de trabajo más típicas y esenciales, así como a la personalidad o estilo del directivo. Si no se hace así, los modelos de competencias corren el peligro de quedarse en listas vacías, sin consecuencias efectivas sobre el desempeño.